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operaciones
contra incendios
.LA
IMPORTANCIA DEL AIRE RESPIRABLE-
Temperaturas
Elevadas
La acción de exponerse al aire caliente puede lesionar
las vías respiratorias y si el aire es húmedo, el
daño puede ser mucho mayor, la inhalación rápida
de calor excesivo, con temperaturas sobrepasando
los 49° C a 54° C, puede causar una seria disminución
en la presión arterial y falla en el sistema circulatorio.
La inhalación de gases calientes puede causar edemas
(acumulación de fluido en los pulmones), lo cual
puede causar la muerte por asfixia. El daño causado
a los tejidos por inhalación de aire caliente no
es inmediatamente reversible al introducir aire
fresco y puro a las vías respiratorias.
Humo
La mayor parte del humo generado en un incendio
es una combinación de pequeñas partículas en suspensión,
pero también hay cierta cantidad de polvo corriente
flotando en combinación con gases calientes. Las
partículas proveen un medio para la condensación
de algunos productos gaseosos de la combustión.
Algunas de las partículas suspendidas en el humo
son ligeramente irritantes, pero otras pueden ser
letales. El tamaño de las partículas determinará
cuán profundamente podrían ser inhaladas dentro
de los pulmones indefensos.
Gases Tóxicos
generados en un incendio El bombero debe recordar
que un incendio significa exponerse a una combinación
de agentes irritantes y tóxicos que no pueden ser
identificados previamente con exactitud. De hecho,
la combinación puede tener un efecto sinergético
en el cual el efecto combinado de dos a más substancias
es más tóxico o más irritante que lo que sería el
efecto total si cada uno fuera inhalado separadamente.
Los gases tóxicos inhalados pueden tener diversos
efectos nocivos en el cuerpo humano. Algunos de
los gases afectan directamente el tejido pulmonar
y deterioran su función. Otros gases no tienen directamente
un efecto nocivo en los pulmones pero pasan hacia
la corriente sanguínea y otras partes del cuerpo
y dañan la capacidad de los glóbulos rojos de transportar
oxígeno.
En particular los gases tóxicos producidos en un
incendio varían de acuerdo a cuatro factores:
· Naturaleza del combustible
· Cantidad de calor liberado
· Temperatura de los gases generados
· Concentración de oxígeno
Monóxido de carbono La gran mayoría de las muertes
por incendios ocurren a causa del monóxido de carbono
(CO) más que por cualquier otro producto tóxico
de combustión. Este gas incoloro e inodoro está
presente en cada incendio, y mientras más deficiente
es la ventilación y más incompleta es la combustión
más grande es la cantidad de monóxido de carbono
formado. Un método empírico de determinación, aunque
sujeto a mucha variación, es que mientras más oscuro
es el humo más altos son los niveles de monóxido
de carbono presentes. El humo negro tiene un alto
conteniendo de partículas de carbono y monóxido
de carbono a causa de la combustión incompleta.
La hemoglobina de la sangre se combina con el oxígeno
y lo lleva a una combinación química denominada
oxihemoglobina. Las características más significativas
del monóxido de carbono son que el mismo se combina
tan fácilmente con la hemoglobina de la sangre que
el oxígeno disponible es excluido. La combinación
de la oxihemoglobina se convierte en una combinación
más fuerte llamada carboxihemoglobina (COHb). En
efecto, el monóxido de carbono se combina con la
hemoglobina alrededor de 200 veces más fácilmente
que el oxígeno. El monóxido de carbono actúa sobre
el cuerpo, pero desplaza el oxígeno de la sangre
y conduce a una eventual hipoxia del cerebro y tejidos,
seguida por la muerte si el proceso no es invertido.
Las concentraciones de monóxido de carbono en el
aire, superiores a cinco centésimas (0,05) por ciento,
pueden ser peligrosas. Cuando el nivel es mayor
que el uno por ciento no hay aviso sensorial a tiempo
que permita escapar. A niveles más bajos hay dolor
de cabeza y vértigo antes de la inhalación, de modo
que es posible un aviso. El siguiente cuadro muestra
el efecto tóxico de los diferentes niveles de monóxido
de carbono en el aire, aunque éste no es absoluto,
pues no muestra las variaciones en la función respiratoria
o duración del tiempo de exposición, lo cual causaría
que el efecto tóxico apareciera más rápido. El color
rojo cereza en la piel, característico de la intoxicación
con monóxido de carbono, no es siempre un signo
confiable, particularmente en exposiciones prolongadas
a concentraciones bajas.
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